Bunnie Xo, la mujer que pasó de las barras de striptease en Las Vegas a ser la reina del podcasting y esposa de Jelly Roll, se sienta con el viejo lobo de Howard Stern para desgranar su pasado en el trabajo sexual. No es una charla sobre purpurina; es una autopsia sobre cómo el trauma religioso, las adicciones y la pura necesidad de sobrevivir te empujan a saltar por un barranco del que pocas regresan.
El salto del club a la habitación: Bunnie explica con una frialdad necesaria la lógica del negocio: después de años bailando ocho horas por noche, la idea de ganar cinco mil dólares en veinte minutos se vuelve irresistible. Pero ese salto no fue gratis; tuvo que luchar contra el lastre de una educación pentecostal del sur de EE. UU. que la hacía sentir que estaba pecando en cada paso.
La anestesia de la supervivencia: Confiesa que solo pudo cruzar esa línea porque estaba sumida en la adicción y completamente desensibilizada de su entorno. No era empoderamiento, aunque ella se lo vendiera así a sí misma para aguantar; era "modo supervivencia" puro y duro. Hoy advierte a cualquier chica que la escuche que su caso es una excepción: su tenacidad la sacó de ahí, pero para la mayoría es un callejón sin salida.
La psicología del Sugar Daddy: Describe a sus antiguos clientes no como hombres poderosos, sino como tipos con problemas de control y complejos de Edipo. Relata cómo usaban el dinero como una correa, comprándole coches de lujo para luego intentar quitárselos o cortarle las tarjetas de crédito a la mínima discusión.
El código de honor de la calle: A pesar de vivir de ellos, Bunnie admite que nunca pudo respetar a un hombre que pagaba por sexo. Los llama "tricks" (primos/clientes) y deja claro que, aunque tiene amigas que se enamoraron de sus sugar daddies, ella siempre separó el negocio del placer, guardando su corazón para los "delincuentes tatuados".
EL ÁNGEL DEL RUIDO
Bunnie Xo es la prueba viviente de que puedes salir del fango sin que se te olvide el olor a barro. Su entrevista con Stern es un ejercicio de honestidad brutal que deja en ridículo cualquier intento de glamurizar la prostitución en Las Vegas. Es una mujer que se puso una máscara para cobrar facturas y que ahora, sin el disfraz, nos cuenta que el dinero es la raíz de todo mal, especialmente cuando viene de manos de hombres que solo saben amar a través de un talonario.
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