En esta comparecencia ante el tribunal de Whiplash.Net, Regis Tadeu se dedica a lo que mejor sabe hacer: demoler la industria musical brasileña mientras se ajusta las gafas de la superioridad moral. Entrevistado en pleno carnaval de 2026 —un evento que Regis desprecia por considerarlo una "farra de dinero público"—, el crítico reparte estopa con una precisión que haría llorar a un monje budista.
El negocio del Metal: Regis no tiene piedad con Iron Maiden. Afirma que la banda es hoy un "conglomerado financiero" que obliga a sus miembros a seguir por puro mercantilismo. Asegura que Dave Murray ya habría dejado la banda para ver a sus nietos si no fuera por el contrato de la gira de los 50 años. Del despido de Nicko McBrain, ni hablemos; según él, el baterista fue descartado de forma resentida por la gran empresa.
Influencers y patífes: Para Regis, el periodismo musical ha muerto a manos de los influencers. Los define como una "panda de deshonestos" que solo dicen que todo es lindo porque reciben pases gratis y comida de las productoras. Su sentencia es clara: si el futuro es el influencer, que venga el apocalipsis.
Metal "Espadinha" y estulticia: No se salva nadie. Define el Power Metal como "Metal Espadinha" y a bandas como Blind Guardian como un somnífero para jugadores de RPG. También masacra a James LaBrie (Dream Theater), calificándolo como uno de los peores vocalistas de la historia desde la época de las cavernas.
El dogma de la lectura: Regis exige a su audiencia que deje de escribir tonterías en redes sociales, que lean a Jules Verne y que escuchen a los clásicos de la samba para abrir sus "mentes cerradas de metalero botocudo".
EL ÁNGEL DEL RUIDO
Regis Tadeu es el único periodista capaz de insultar a su audiencia y convencerla de que le den las gracias. Su sinceridad es una enfermedad necesaria en un mundo de "likes" y corazones; él no quiere tu aprobación, solo quiere recordarte que, mientras no leas un libro y dejes de escuchar basura melódica, seguirás siendo un analfabeto funcional con camiseta negra.
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