Txus di Fellatio y su séquito de supervivientes —o lo que queda de la marca Mägo de Oz— se pasaron por los estudios de RockFM para intentar convencernos de que su nuevo disco, Malicia, es algo más que otra excusa para seguir facturando. Entre anécdotas de abuelas asturianas y pullas a los "haters", la entrevista destila esa mezcla tan suya de "somos una empresa" y "nadie nos entiende en España".
El disco de las comparaciones terminadas: Txus admite que sacaron Malicia a toda prisa (apenas un año después del anterior) para que a Rafa Blas dejen de compararlo con sus predecesores. Según el líder, ya ha gritado suficiente y ahora toca demostrar que puede cantar en medios tiempos, aunque reconozca que su propia forma de componer es "muy obvia y comercial".
Delegar por aburrimiento: En un arranque de honestidad (o cansancio), Txus confiesa que ha dado un paso atrás en la composición para dejar que los nuevos "tengan hambre". De hecho, tiene cuatro canciones suyas en el banquillo porque no quería saturar el disco con su estilo de siempre. Se ve que tras 35 años, hasta él necesita un descanso de sí mismo.
La violación y la salud mental: Se ponen serios con temas como "Mi cuerpo y yo nos dejamos de hablar", donde tratan una violación de forma cruda y explícita, defendiendo que a veces hay que llamar a las cosas por su nombre sin eufemismos. También tocan la ansiedad en "Quiero ser libre", aunque Txus aclara que su método personal para cuidar la salud mental es, básicamente, beber mucha cerveza y no ir a misa.
El trauma del "Grupo de Verbena": Todavía les escuece que les llamen banda de verbena. Txus se defiende con el argumento de que si tocan en fiestas de pueblos es porque han llegado tan alto que los ayuntamientos los quieren, rematando con su habitual elegancia: "Me aparcas el Mercedes, que estoy llegando a la verbena".
EL ÁNGEL DEL RUIDO
Mägo de Oz es esa banda que vive en un perpetuo estado de sitio: amados en América, cuestionados en España y dirigidos por un capitán que ya no necesita componer porque el logo de la bruja hace el trabajo por él. Si el 7 de marzo en Vistalegre suena la flauta (o el violín), será porque la maquinaria empresarial sigue engrasada con cerveza y el orgullo herido de quien se sabe rico pero no siempre respetado.
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