La matriarca indiscutible de la industria musical ha tenido que frenar en seco su agenda europea. Sharon Osbourne brilló por su ausencia durante la colosal revelación de la escultura dedicada a Ozzy en el recinto de Clisson, todo debido a un contratiempo de última hora que la obligó a guardar reposo bajo supervisión a principios de semana, dejando a la cúpula organizativa francesa desvelando el tributo sin su figura clave.
Aunque la mánager más implacable del negocio no pudo pisar los terrenos del festival, el homenaje se materializó con una obra imponente esculpida por el artista Philippe Pasqua. La pieza captura magistralmente la presencia escénica del legendario vocalista, alzándose como un nuevo monolito de peregrinación obligatoria para los acólitos de las atmósferas densas y el misticismo estético.
Desde su retiro temporal, la británica no ha perdido la oportunidad de lanzar un mensaje público de agradecimiento a los directivos del evento, reconociendo directamente la labor de Olivier Garnier, Ben Barbaud y todo el equipo detrás de la organización. El inmenso engranaje del mastodonte galo funcionó con precisión milimétrica para honrar al ícono de Birmingham, demostrando que el espectáculo siempre continúa al margen de los imprevistos personales.
Ozzy ya tiene su propia efigie inamovible presidiendo el festival francés, mientras Sharon seguramente ya esté calculando desde su sofá cómo monetizar cada fotografía que los asistentes se saquen frente a la obra de arte.
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