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martes, 13 de octubre de 2026

SAMMY HAGAR CONFIESA EL TERROR QUE PROVOCABA AC/DC: «NO QUERÍAMOS TOCAR NI ANTES NI DESPUÉS DE ELLOS» Y SE RINDE ANTE EL DEMONIO LLAMADO BON SCOTT

THE ANGEL OF NOISE ©: STHDMETAL

AC/DC no necesitaba ser cabeza de cartel para poner en apuros a los grandes. Según recuerda Sammy Hagar, había una razón para evitar coincidir con ellos en los festivales: cuando la banda de Bon Scott y Angus Young aparecía en escena, el resto podía tener un problema muy serio. Tanto, que durante su etapa en Van Halen Hagar recuerda haber rechazado propuestas para compartir escenario con los australianos. No quería actuar antes de ellos. Tampoco después.

Y eso no es todo. El cantante estadounidense, que llegó a conocer personalmente a Bon Scott, describe una voz que parecía a punto de romperse en cualquier momento, una personalidad magnética y una manera de cantar que convertía cada interpretación en algo creíble. Para Hagar, Bon no era simplemente un vocalista extraordinario: era una de esas figuras que hacían que el rock and roll pareciera auténtico, peligroso y completamente vivo.

Su testimonio protagoniza la primera entrega de The Bon Scott Estate Interview Project, una serie oficial que recupera los recuerdos de músicos vinculados al legado del legendario cantante de AC/DC.

AC/DC entraba en escena y los demás empezaban a sudar

Hagar sitúa uno de sus primeros encuentros con el fenómeno AC/DC a mediados de los años setenta, cuando la banda abrió para Ronnie Montrose en San José, California. El vocalista acababa de salir de Montrose y trataba de poner en marcha una nueva etapa musical. Fue entonces cuando vio a aquellos australianos desplegar una energía que, según su recuerdo, dejó al público patas arriba.

El concierto se celebró en un recinto relativamente pequeño. Pero el tamaño del escenario no importó: Angus Young recorriendo al público a hombros de Bon Scott, la intensidad de la actuación y aquella descarga de electricidad hicieron que Hagar comprendiera inmediatamente lo que tenía delante.

La situación llegó a parecerle tan complicada para Montrose que incluso se ofreció a salir a cantar con Ronnie algunos temas de su antigua banda, como «Bad Motor Scooter» o «Rock Candy». Su impresión era que el grupo tendría dificultades para recuperar el terreno después de semejante apertura.

La anécdota más reveladora llegó años después. Cuando Van Halen ya se había convertido en una fuerza enorme del rock, Hagar recuerda que rechazaban determinadas oportunidades de compartir cartel con AC/DC. No era una cuestión de falta de admiración. Todo lo contrario: quería verlos, disfrutarlos y escucharlos, pero no necesariamente enfrentarse a ellos ante la misma audiencia.

Cuando una banda obliga a otras a pensárselo dos veces antes de aceptar un festival, su reputación ya ha empezado a hablar por ella.

Bon Scott: una voz al borde del precipicio

La admiración de Hagar no se limitaba a los riffs de Angus Young ni al impacto escénico de la banda. El cantante se fijó especialmente en Bon Scott y en una característica que considera fundamental para entender su grandeza: parecía cantar al límite de sus posibilidades, como si cada frase pudiera descontrolarse en cualquier instante.

Hagar lo compara con un coche de carreras que toma cada curva rozando el accidente. Esa sensación de peligro no era un defecto que hubiera que corregir, sino parte esencial de la emoción que transmitía.

No presenta a Bon como un cantante técnico en el sentido académico del término. Su fuerza estaba en otra parte: en el timbre, la actitud, la interpretación y la capacidad de hacer que las palabras sonaran como si procedieran directamente de la calle y de sus propias experiencias.

Para Hagar, esa era la diferencia entre cantar sobre el rock and roll y conseguir que el público creyera de verdad en lo que estaba escuchando. Bon podía hablar de excesos, sexo, vida nocturna y carretera sin que pareciera un personaje inventado para vender discos.

No necesitaba sonar perfecto. Necesitaba sonar verdadero. Y lo conseguía.

El primer encuentro entre Sammy y Bon

Hagar recuerda que conoció personalmente a Scott alrededor de 1976 o 1977, cuando actuó como telonero de AC/DC. Lo describe como un hombre delgado, inquieto, extraordinariamente expresivo y con una energía casi elástica sobre el escenario.

Observó el concierto completo y quedó fascinado. Después tuvo ocasión de hablar con él y comentarle aquella actuación anterior en la que AC/DC había abierto para Montrose. Los australianos, según cuenta, ni siquiera recordaban demasiado aquel episodio.

El encuentro dejó una impresión duradera. Hagar también recuerda que, en aquella época, Bon bebía Jack Daniel's, mientras que él todavía no había empezado a beber. Pero lo que más le interesaba era la personalidad del cantante: esa mezcla de descaro, picardía y cierta timidez que lo hacía cercano incluso cuando dominaba un escenario.

El recuerdo vuelve a aparecer cuando Hagar habla de otros músicos de su entorno. Cita a Eddie Van Halen, Michael Anthony, Ronnie Montrose y Neal Schon entre los instrumentistas con los que compartió una admiración especial por AC/DC. Incluso cuenta que Eddie imitaba algunas de las inflexiones y pequeños gestos vocales de Bon, animándolo a incorporar ese tipo de detalles a sus propias interpretaciones.

No era una influencia menor. La huella de Scott se extendía mucho más allá de su banda y llegaba hasta músicos que estaban construyendo sus propias leyendas.

Por qué Bon Scott no podía fingir

Uno de los momentos más interesantes de la entrevista aparece cuando Hagar reflexiona sobre la autenticidad en el rock. Considera difícil escribir canciones sobre la vida de una estrella sin caer en la pose, la exageración vacía o las frases que suenan bien, pero no transmiten nada.

En su opinión, Bon tenía algo que no se podía fabricar: convencía al oyente. Su voz, su manera de frasear y sus letras encajaban con la música directa y áspera de AC/DC. No parecía interpretar un papel aprendido; parecía contar una historia que conocía de primera mano.

Hagar contrapone esa credibilidad a las canciones que hablan de fiesta y rock and roll sin transmitir una experiencia real. En el caso de Bon, sostiene, el mensaje funcionaba porque la interpretación tenía personalidad y carácter.

También reconoce el mérito de Brian Johnson, que asumió una responsabilidad gigantesca después de la muerte de Scott. Hagar entiende la dificultad de ocupar el lugar de un cantante tan identificado con una banda: él mismo vivió una situación comparable cuando se convirtió en vocalista de Van Halen después de David Lee Roth.

Pero, cuando vuelve a hablar de los primeros discos de AC/DC, su entusiasmo por la etapa de Bon es inequívoco. La considera brutal, directa, sin concesiones y perfectamente encajada con la música del grupo.

«Highway to Hell»: una obra maestra que sigue sin pedir permiso

Hagar no se queda en la nostalgia. Cuando llega el momento de hablar de «Highway to Hell», su valoración es rotunda: la considera una de las grandes canciones de rock jamás escritas, tanto por su música como por sus letras.

El tema, publicado en 1979 como pieza central del álbum del mismo nombre, condensó buena parte de lo que hacía especial a AC/DC: guitarras reconocibles desde los primeros segundos, una base rítmica firme y una interpretación vocal que parecía empujar cada verso hacia delante.

En el recuerdo de Hagar, las letras de Bon encajaban con aquella música insolente y sin pulir. No había una separación entre lo que se cantaba y cómo sonaba la banda. Todo pertenecía al mismo universo: directo, provocador y cargado de personalidad.

La canción acabó convirtiéndose en uno de los himnos más reconocibles del grupo y en una pieza fundamental del legado de Scott. Para Hagar, su grandeza no depende de la época ni de quién la escuche: sigue siendo una referencia absoluta del rock and roll.

La espina que Sammy Hagar todavía conserva

Hay una confesión más íntima al final del testimonio. Hagar admite que le habría encantado conocer mejor a Bon, compartir más momentos con él y tener la oportunidad de cantar a su lado sobre un escenario.

No ocurrió. Y esa posibilidad perdida sigue apareciendo en su recuerdo como una de esas experiencias que habría querido vivir al menos una vez.

Su reflexión final vuelve a la misma idea: Bon Scott murió demasiado pronto y dejó detrás una etapa de AC/DC que Hagar considera irrepetible. No pretende restar importancia a lo que vino después; reconoce el trabajo de Brian Johnson y la capacidad del grupo para continuar. Pero el vínculo entre Bon, aquellas canciones y la identidad original de la banda permanece intacto.

El testimonio no revela un secreto oscuro ni destapa una conspiración. Su fuerza está en algo más sencillo: escuchar a un músico de la talla de Sammy Hagar reconocer cuánto le impresionó otro cantante y admitir que, incluso entre gigantes del rock, había actuaciones capaces de dejar a todos los demás en una posición incómoda.

Bon Scott no necesitaba ser el hombre que más corría por el escenario. Le bastaba con abrir la boca para quedarse con la atención de todos.

Y AC/DC, mientras tanto, seguía avanzando como una apisonadora.

LA ENTREVISTA COMPLETA

Puedes ver el testimonio de Sammy Hagar en el canal oficial de Bon Scott:

Bon Scott Estate Interview Project with Sammy Hagar — YouTube

Fuente oficial: Bon Scott — web oficial.

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