El vocalista de Accept, Mark Tornillo, ha detallado el engranaje interno que mantiene en pie su garganta tras años al frente de la formación alemana. En una reciente charla, el cantante estadounidense confesó que su método para resistir las giras no pasa por remedios milagrosos, sino por una rutina estricta: ayuno absoluto durante toda la jornada —comiendo únicamente el desayuno hasta que concluye la actuación— y comenzar a beber cerveza justo al arrancar el primer tema en el escenario.
Sus inicios musicales se remontan a la infancia, marcado por la influencia de su abuelo materno, quien lo puso a tocar el piano y cantar con apenas dos años de edad. Tras pasar por la batería y el bajo, decidió desprenderse del pie de micrófono en sus comienzos porque lo consideraba una muleta que le impedía moverse con soltura. La revelación sonora le llegó a finales de los setenta cuando descubrió a AC/DC, Van Halen y, de forma definitiva, el directo Unleashed in the East de Judas Priest, un contraste rotundo frente a la corriente pop dominante en Estados Unidos por aquel entonces.
En su etapa con TT Quick y tras firmar con Megaforce Records, Tornillo pulió su capacidad de imitación pasando de Bon Scott a Rob Halford, aunque reconoce que adaptarse al registro de Brian Johnson tras la muerte de Scott fue uno de los escollos más complejos de su carrera. Sin embargo, el verdadero giro para asumir las riendas en Accept tras la salida de Udo Dirkschneider llegó mediante una lección de un reputado preparador vocal de Nueva York —entrenador de figuras como Steven Tyler—. La indicación fue directa: la clave reside en un calentamiento de 45 minutos mediante una cinta personalizada que sigue ejecutando una octava más alta para mantener el rango agudo.
El intérprete no oculta que el regreso al estudio con el disco Blood of the Nations supuso un desgaste físico y mental en el que el productor Andy Sneap tuvo que apretar al máximo las tuercas para extraer su mejor versión tras casi una década sin grabar. Pese a que su familia nunca vio con buenos ojos su dedicación a la música pesada, el cantante desaconseja rotundamente a los jóvenes buscar la fama en concursos televisivos de talentos y les insta a encerrarse en el garaje a componer con amigos.
Queda visto que para aguantar la exigencia del negocio basta con una cinta de casete vieja, el estómago vacío y un botellín fresco esperando junto al amplificador.
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