Los de Albacete acaban de dar el salto a las grandes ligas europeas firmando su primer contrato con Napalm Records y lo han celebrado de la forma más absurda y brillante posible: con un videoclip que convierte la asfixia de los bucles destructivos en una auténtica fiesta de piscina. Angelus Apatrida presenta "Cycle of Ruin" alejándose del dramatismo estético habitual para meter a un tipo despistado con un polo amarillo en medio de un festival de despropósitos al aire libre, donde una barbacoa humeante, un asistente disfrazado de pollo gigante y una camioneta Nissan surcando caminos polvorientos forman la mezcla visual de esta entrega.
La composición contrapone ese tono festivo y despreocupado con una base rítmica de medio tiempo que avanza con una pesadez milimétrica, priorizando la atmósfera sobre la velocidad. En lugar de ofrecer un catálogo técnico de decibelios, la banda apuesta por un enfoque denso, marcado por secuencias de seis cuerdas que atraviesan el ambiente con una nitidez absoluta y un solo final que irrumpe con una agilidad desquiciante.
Aquí no hay posturas forzadas ni caras de enfado gratuito frente a un croma, sino un grupo de músicos tirando por la borda cualquier convención de seriedad y dejando que el peso del mensaje sobre los ciclos viciosos de la vida se trague entero al protagonista, que acaba volando por los aires hacia el agua para terminar desplomado bocarriba sobre un tejado rojo. Guillermo Izquierdo y los suyos han decidido que el salto a este coloso discográfico no iba a cambiar su actitud de asfalto y colegas, entregando una obra donde la intensidad de la composición contrasta de lleno con el surrealismo de ver a una multitud enloquecida celebrando la ruina ajena bajo el sol.
Y es que al final del día, si vas a quedarte atrapado en una espiral existencial que te absorbe el cerebro, mejor que te pille con una cerveza helada en la mano y flotando a la deriva mientras el universo sigue girando a su puñetero rollo.
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