El legendario motor rítmico de Motörhead y actual pilar de Scorpions acaba de pasar por chapa y pintura para su segunda sesión de regeneración articular. Mikkey Dee está reparando la herramienta principal de su oficio, una extremidad que ha soportado la friolera de miles de horas pisando a fondo por todos los rincones del planeta en las giras más exigentes.
Hablamos de un desgaste físico inevitable cuando llevas toda una vida sosteniendo el pulso del rock duro al máximo nivel. Desde sus años fundacionales con King Diamond hasta convertirse en el latido incombustible junto a Lemmy Kilmister, ese pie ha trabajado bastante más que el motor de un seiscientos cruzando Despeñaperros en pleno agosto. Ahora, el sueco recurre a la ciencia de vanguardia para asegurar que la maquinaria no se gripe. Es el segundo paso de un plan de tres fases de tratamientos con células madre, diseñado a medida para regenerar los tejidos y devolverle la movilidad total a su articulación.
Aquí nadie piensa en tirar la toalla ni en sentarse a mirar las obras del barrio. Mientras otros se conformarían con una silla cómoda, Dee prefiere invertir en biotecnología puntera para seguir haciendo vibrar estadios enteros con la mítica formación alemana. Este procedimiento avanzado ataja de frente ese problema articular crónico que sufren los grandes maestros de las baquetas y que rara vez acapara las portadas de las revistas. El propio músico ha dejado ver en su perfil que está totalmente centrado en esta puesta a punto, demostrando que la actitud sobra cuando el objetivo es subirse al próximo avión de gira.
Si la medicina de hoy logra restaurar la misma pata que sostuvo el ritmo de Motörhead durante veinticuatro años, id aflojando la cartera para las próximas entradas, porque este titán sueco tiene cuerda de sobra para dejarnos a todos atrás.
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