El coloso al frente de Testament no se guarda absolutamente nada para el lanzamiento de sus memorias "Holding My Breath: The Two Testaments of Chuck Billy", fijado para el próximo 10 de noviembre. El título no guarda misterios poéticos: con tan solo ocho meses de vida, la fiera de la bahía aguantaba la respiración hasta ponerse azul y desmayarse con tal de salirse con la suya y exigir más leche. Esa misma testarudez salvaje moldeó a un joven troglodita de Dublin, California, que repartía puñetazos a sus rivales en los partidos de fútbol, probó suerte disfrazándose con un nefasto estilo glam que según sus propias palabras lo hacía lucir como "una chica fea", y que recientemente se cruzó a un antiguo conocido en un desayuno solo para que le recordara el mamporro en la boca que le asestó hace décadas.
Esa conducta impulsiva dio paso a un individuo completamente distinto tras derribar al tumor que amenazó su existencia en 2001. Aquella victoria, detonante del histórico concierto benéfico Thrash of the Titans que resucitó a toda la escena de San Francisco con Exodus, Death Angel y Vio-lence, empujó a Billy hacia un sendero chamánico nativo americano donde afirma haber flotado por los aires durante ceremonias de sanación e incluso recibido la visita de un curandero que recorrió 500 millas hasta su puerta sin que nadie le diera la dirección. Hoy en día, la visión espiritual del vocalista es tan extravagante que en el salón de su propia vivienda convive una figura de Baphomet colocada justo al lado de un Jesucristo en la cruz.
Entre sus confesiones más jugosas destaca su estrecha alianza lírica con Del James, el siniestro escritor y hombre de confianza de Guns N' Roses. Desde 1992, época en la que la banda quemaba la casete de Appetite for Destruction en el reproductor de la furgoneta, ambos componen en maratonianas jornadas mañaneras en Los Ángeles donde rematan tres temas en cuestión de horas, compartiendo gradas de hockey y retransmisiones deportivas con el teclista Dizzy Reed.
Lejos de dormirse en los laureles tras cuatro décadas de trayectoria, el motor de Testament funciona a máxima velocidad y ya cuenta con nueve maquetas totalmente estructuradas impulsadas por la pegada brutal del joven batería Chris Dovas y los riffs de Eric Peterson, alimentados por corrientes extremas como Lorna Shore. La formación entrará al estudio el próximo verano para registrar un trabajo donde Billy pretende exprimir tonos y matices vocales inéditos, arrancando las promociones del libro en el local de Phil Demmel donde tuvo la primera cita con su mujer, dejando claro que a este gigante todavía le queda fuelle de sobra para seguir sacudiendo el panorama sin pedirle permiso a nadie.