Un 4 de agosto de 1975, las estanterías de las tiendas de discos recibieron un plástico que nació puramente del ego herido y la intolerancia absoluta hacia la mediocridad. Ritchie Blackmore, asqueado de que sus compañeros de Deep Purple se estuvieran inclinando hacia un sonido funk que él detestaba y, sobre todo, ofendido porque se negaron en rotundo a grabar una versión del tema "Black Sheep of the Family", tomó una decisión drástica. En lugar de discutir o ceder, el hombre de negro fichó de un plumazo a toda la banda que les hacía de teloneros, un grupo llamado Elf, puso al frente a un vocalista bajito con una capacidad vocal desproporcionada llamado Ronnie James Dio, y dio a luz al histórico debut Ritchie Blackmore's Rainbow.
El álbum no fue un simple capricho de estudio, sino un desplante en toda regla a las tendencias comerciales del momento. Encerrados en los Musicland Studios de Múnich, Blackmore y Dio destilaron una atmósfera esotérica que sentaría las bases de un estilo obsesionado con la magia, los reyes y las montañas de plata. Mientras buena parte de la industria buscaba estribillos fáciles, aquí se gestaba una obra de pura arrogancia compositiva donde "Man on the Silver Mountain" se erigía como un himno instantáneo, alejándose del conformismo de la época para abrazar una oscuridad elegante y premeditada. La química entre la precisión técnica del guitarrista y la narrativa lírica del cantante fue tan aplastante que desdibujó casi por completo el trabajo previo de ambos artistas en cuestión de semanas.
La realidad más cruda y genial del asunto es que, una vez que Blackmore consiguió exactamente el ambiente que buscaba plasmar en ese disco, su nivel de frialdad profesional alcanzó la cima: despidió a todos los miembros de la banda excepto a Dio poco después de terminar el trabajo. Literalmente utilizó a la formación original de Elf como una herramienta de alquiler para construir su propia fantasía neoclásica. Este 4 de agosto no solo marca el nacimiento oficial de Rainbow y la consolidación de Dio como la voz definitiva del género, sino que deja una lección magistral de supervivencia en la industria: si tu círculo no te deja hacer lo que te da la gana, lo más lógico es robarle los músicos al vecino, grabar una obra maestra histórica y luego echarlos a la calle sin perder un segundo de sueño.

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