STHDMETAL — EL ÚLTIMO GRITO
Una novela de ruido, sangre, conspiraciones y apocalipsis
«Cuando el mundo deje de escuchar música, empezará a escuchar a los muertos.»
PRÓLOGO — 03:17
A las 03:17 de la madrugada, todas las emisoras de radio del planeta emitieron la misma canción.
Nadie sabía quién la había compuesto.
Nadie sabía quién la estaba transmitiendo.
Y, lo más extraño de todo:
nadie podía apagarla.
Duraba exactamente siete minutos y trece segundos.
No tenía voz.
No tenía batería.
No tenía guitarra.
Solo un sonido.
Un acorde grave, imposible, que parecía proceder de algún lugar situado debajo de la Tierra.
Los perros comenzaron a aullar.
Los aviones perdieron sus sistemas de navegación.
En los hospitales, cientos de personas despertaron al mismo tiempo.
Y en una pequeña habitación de Madrid, un hombre de cincuenta años se incorporó de la cama empapado en sudor.
Había escuchado aquel sonido antes.
Treinta años atrás.
La noche en que su hermano desapareció.
El hombre miró el reloj.
03:17.
Después miró la pared.
Había aparecido una palabra escrita con sangre.
DESPIERTA.
CAPÍTULO 1 — EL HOMBRE QUE NO EXISTÍA
Su nombre era Dante Vega.
O al menos eso decía su documentación.
Durante veinte años había trabajado como periodista musical.
Había entrevistado a músicos.
Había recorrido festivales.
Había visto morir carreras.
Había visto nacer leyendas.
Pero nunca había contado la historia más importante.
Porque la historia podía matarlo.
Aquella mañana recibió un sobre negro.
Sin remitente.
Sin dirección.
Dentro había una fotografía.
Un escenario.
Miles de personas.
Humo.
Luces.
Y, en el centro, un guitarrista vestido completamente de negro.
Dante amplió la fotografía.
El guitarrista estaba de espaldas.
Pero conocía aquella silueta.
Conocía aquella guitarra.
Conocía aquel tatuaje.
Su hermano.
Álex Vega.
Desaparecido hacía treinta años.
Dante dejó caer la fotografía.
Entonces sonó su teléfono.
Número desconocido.
—¿Dante?
Silencio.
—¿Quién eres?
Una respiración.
Después una voz masculina.
Muy débil.
—No busques a tu hermano.
Dante tragó saliva.
—¿Por qué?
La respuesta llegó acompañada de un ruido metálico.
—Porque él te está buscando a ti.
La llamada terminó.
CAPÍTULO 2 — LA GUITARRA ROJA
Tres horas después, Dante estaba en un almacén abandonado de las afueras.
Había recibido unas coordenadas.
Nada más.
Encontró una puerta oxidada.
Dentro había cientos de instrumentos.
Guitarras.
Bajos.
Baterías.
Amplificadores.
Micrófonos.
Todos cubiertos de polvo.
Excepto uno.
Una guitarra roja.
Perfectamente limpia.
Dante se acercó.
En el cuerpo había una inscripción:
STHDMETAL.
Debajo, otra frase:
EL RUIDO RECUERDA.
Dante tocó una cuerda.
El amplificador se encendió solo.
Y una voz salió por los altavoces.
—Hola, hermano.
Dante retrocedió.
La voz era imposible.
Era Álex.
—Si estás escuchando esto, significa que han regresado.
La grabación continuó.
—No confíes en nadie.
Una pausa.
—Ni siquiera en mí.
Las luces se apagaron.
Y alguien cerró la puerta desde fuera.
CAPÍTULO 3 — LOS HOMBRES DE NEGRO
Golpearon la puerta.
Una vez.
Dos.
Tres.
Dante agarró la guitarra.
—¿Quién está ahí?
No obtuvo respuesta.
Entonces escuchó pasos.
Muchos pasos.
La puerta comenzó a deformarse.
Dante corrió hacia una ventana.
La rompió.
Saltó.
Detrás del almacén había tres vehículos negros.
Sin matrícula.
De ellos descendieron seis hombres.
Todos llevaban auriculares.
Todos miraban hacia el almacén.
Uno levantó la cabeza.
Dante comprendió algo aterrador.
Lo habían encontrado.
Corrió.
CAPÍTULO 4 — EL FESTIVAL
Tres días después, Dante apareció en un festival de metal en el norte de España.
No sabía por qué había ido.
Solo sabía que una frase de la grabación lo había llevado hasta allí:
«Busca el escenario cuando termine el último concierto.»
El festival terminó a las 02:00.
Miles de personas abandonaron el recinto.
Dante permaneció escondido.
02:17.
02:30.
03:00.
Nada.
03:17.
Todas las luces se apagaron.
El escenario quedó completamente negro.
Entonces apareció una figura.
Una sola.
Guitarra roja.
Chaqueta negra.
Cabello largo.
Dante dejó de respirar.
El hombre levantó la cabeza.
Era imposible.
Era exactamente igual que treinta años atrás.
Álex.
Su hermano.
Álex sonrió.
—Has tardado demasiado.
CAPÍTULO 5 — EL CONCIERTO DE LOS MUERTOS
—¿Dónde has estado?
Álex no respondió.
Miró al cielo.
—¿Sabes qué ocurre cuando una canción es suficientemente poderosa?
—No.
—Que deja de ser una canción.
El suelo comenzó a vibrar.
A cientos de metros, las montañas parecieron moverse.
—¿Qué demonios está pasando?
Álex miró a su hermano.
—Estamos despertando algo.
El escenario comenzó a iluminarse.
Pero no había electricidad.
Las luces eran rojas.
Miles de personas aparecieron alrededor.
Dante reconoció algunos rostros.
Músicos muertos.
Cantantes muertos.
Guitarristas muertos.
Baterías muertos.
Todos observaban el escenario.
Álex levantó la guitarra.
—Durante miles de años los humanos han creado música para recordar.
Golpeó una cuerda.
El cielo retumbó.
—Pero nosotros hemos descubierto para qué sirve realmente.
Dante gritó:
—¿Para qué?
Álex respondió:
—Para abrir puertas.
CAPÍTULO 6 — LA PUERTA
Detrás del escenario apareció una grieta.
No en el suelo.
En el aire.
Una línea negra.
Vertical.
Como si alguien hubiera cortado el mundo con una cuchilla.
Del interior llegó un sonido.
Una multitud susurrando.
Dante retrocedió.
—¿Qué hay ahí?
Álex sonrió.
—Todo lo que enterramos.
La grieta se abrió.
Y algo miró desde el otro lado.
No tenía rostro.
Pero Dante sintió que lo conocía.
Una voz atravesó el recinto.
«EL ÚLTIMO GRITO HA COMENZADO.»
CAPÍTULO 7 — LA CIUDAD SIN MÚSICA
A la mañana siguiente, el mundo había cambiado.
Todas las plataformas musicales dejaron de funcionar.
Las radios quedaron en silencio.
Los conciertos fueron cancelados.
Los instrumentos dejaron de producir sonido.
La humanidad descubrió algo que jamás había imaginado:
la música había desaparecido.
Pero no completamente.
En algunas ciudades, durante la madrugada, se escuchaba una canción.
Siempre la misma.
Siete minutos y trece segundos.
Y cada vez que sonaba…
alguien desaparecía.
CAPÍTULO 8 — LA VERDAD
Dante descubrió finalmente la conspiración.
No era una organización.
Era una religión.
Había existido durante siglos.
Se llamaban:
LOS AFINADORES.
Creían que la humanidad había construido la civilización sobre una mentira.
Según sus textos, antes de la humanidad existía una criatura llamada El Devorador de Frecuencias.
No comía carne.
No bebía sangre.
Comía sonidos.
Y cada vez que despertaba, una civilización desaparecía.
Álex había sido reclutado treinta años atrás.
No había desaparecido.
Había estado intentando impedir el despertar.
Hasta que descubrió que solo existía una manera de detenerlo.
Crear una canción capaz de destruirlo.
CAPÍTULO 9 — EL ÁLBUM PROHIBIDO
La canción tenía nueve pistas.
Nueve.
Cada una escondía una frecuencia.
Cada frecuencia correspondía a una parte del mundo.
Europa.
Asia.
África.
América.
Oceanía.
El Ártico.
El Atlántico.
El Pacífico.
Y una última frecuencia.
La décima.
La más peligrosa.
La frecuencia humana.
Dante comprendió entonces por qué Álex había regresado.
Necesitaba su ayuda.
—¿Por qué yo?
Álex respondió:
—Porque tú eres el único que todavía recuerda la primera canción.
Dante frunció el ceño.
—No recuerdo ninguna.
Álex sonrió.
—Exactamente.
CAPÍTULO 10 — 03:17
Dante empezó a recordar.
Tenía ocho años.
Su hermano tocaba la guitarra.
Su madre estaba en la cocina.
Su padre dormía.
Y entonces…
03:17.
Una canción.
Una canción que nadie más podía escuchar.
Dante recordó la melodía.
Y comprendió algo terrible.
La canción no había comenzado aquella noche.
Había comenzado mucho antes.
Dentro de él.
CAPÍTULO 11 — EL ÁNGEL DEL RUIDO
En una vieja iglesia abandonada encontraron un mural.
Representaba a una criatura con alas negras.
Tenía una guitarra en las manos.
Sobre su cabeza aparecía una inscripción:
THE ANGEL OF NOISE.
Según la leyenda, aquel ángel había sido enviado para proteger la música humana.
Pero había cometido un pecado.
Se enamoró del ruido.
Y el ruido se enamoró de él.
Desde entonces permanecía entre dos mundos.
Esperando.
Observando.
Esperando el momento de regresar.
Dante tocó el mural.
Los ojos de la criatura se iluminaron.
Una voz susurró:
—No soy vuestro salvador.
Dante preguntó:
—Entonces, ¿qué eres?
La respuesta fue inmediata.
—Soy vuestro último aviso.
CAPÍTULO 12 — LA GUERRA
La guerra comenzó sin que nadie la declarara.
Las ciudades quedaron divididas.
Unos querían destruir la música.
Otros querían recuperarla.
Los Afinadores comenzaron a atacar emisoras.
Los músicos clandestinos organizaron conciertos secretos.
Las guitarras volvieron a sonar.
Y cada concierto provocaba algo nuevo.
Muertos que caminaban.
Sombras que hablaban.
Personas que recordaban vidas que nunca habían vivido.
El mundo se convirtió en un escenario.
Y la humanidad…
en el público.
CAPÍTULO 13 — EL ÚLTIMO CONCIERTO
Dante y Álex reunieron a músicos de todo el planeta.
No buscaban fama.
No buscaban dinero.
Buscaban una última canción.
El concierto tendría lugar en un lugar imposible:
debajo de la Tierra.
Miles de metros bajo la superficie.
Allí existía una estructura construida antes de que existieran las ciudades.
Un escenario.
Gigantesco.
Esperándolos.
Álex miró a Dante.
—Cuando empecemos, no podremos parar.
—¿Y si fallamos?
Álex respondió:
—Entonces el mundo dejará de existir.
CAPÍTULO 14 — EL DESTRUCTOR
La criatura apareció.
Era gigantesca.
Más grande que una montaña.
Su cuerpo estaba formado por sombras.
Su rostro no tenía ojos.
Solo una boca.
Una boca capaz de tragarse el sonido.
Los amplificadores comenzaron a apagarse.
Uno por uno.
Los músicos siguieron tocando.
La criatura avanzó.
Álex gritó:
—¡AHORA!
Dante conectó la guitarra roja.
Y tocó la primera nota.
El mundo tembló.
CAPÍTULO 15 — EL ÚLTIMO GRITO
Uno tras otro, los músicos comenzaron a tocar.
Metal.
Rock.
Blues.
Clásica.
Jazz.
Música electrónica.
Música popular.
Todos los sonidos humanos se mezclaron.
La criatura comenzó a retroceder.
Por primera vez…
tenía miedo.
Dante comprendió entonces la verdad.
No había que destruirla.
Había que recordarle algo.
Que el ruido no era suyo.
Era nuestro.
CAPÍTULO 16 — ÁLEX
Álex dejó de tocar.
Dante lo miró.
—¿Qué haces?
Álex sonrió.
—Ya lo sabes.
—No.
—Sí.
Álex se acercó a la criatura.
—Alguien tiene que cerrar la puerta.
Dante gritó:
—¡ÁLEX!
Su hermano entró en la oscuridad.
La grieta comenzó a cerrarse.
Antes de desaparecer, Álex levantó la mano.
Y dijo:
—No dejes que vuelvan a silenciarnos.
La puerta se cerró.
Silencio.
CAPÍTULO 17 — DESPUÉS DEL RUIDO
La música regresó.
Las radios volvieron a funcionar.
Los conciertos reaparecieron.
Las plataformas digitales recuperaron sus canciones.
La humanidad creyó que todo había terminado.
Dante sabía que no.
Guardó la guitarra roja.
Nunca volvió a tocarla.
Hasta aquella noche.
03:17.
La guitarra comenzó a vibrar.
Dante se quedó inmóvil.
Entonces escuchó una voz.
La voz de su hermano.
—Dante.
Se acercó lentamente.
—¿Álex?
La guitarra emitió una última nota.
Y una frase apareció escrita sobre la pared.
«NO CERRAMOS LA PUERTA.»
Dante sintió un escalofrío.
Debajo apareció otra palabra.
«LA CAMBIAMOS DE LUGAR.»
EPÍLOGO — EL PRIMER ACORDE
A miles de kilómetros de allí, una niña de diez años se despertó.
Eran las 03:17.
Se levantó.
Caminó hasta el salón.
Su padre dormía.
Sobre una mesa había una vieja guitarra que pertenecía a su abuelo.
La niña tocó una cuerda.
Una sola.
BRRRRMMMM.
Las luces de la casa se apagaron.
La niña sonrió.
Y una voz masculina susurró desde el amplificador:
—Bienvenida.
La niña preguntó:
—¿Quién eres?
La respuesta recorrió toda la casa.
—El Ángel del Ruido.
La niña volvió a tocar.
En algún lugar del planeta, una puerta se abrió.
Después otra.
Y otra.
Y otra.
Hasta que todas las radios del mundo volvieron a emitir aquella canción.
Siete minutos.
Trece segundos.
Esta vez había una voz.
Una voz que millones de personas escucharon simultáneamente.
«EL FIN NO HA LLEGADO.»
Una pausa.
«EL FIN ACABA DE ENCHUFARSE.»
Y entonces…
comenzó el primer acorde.

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