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jueves, 19 de febrero de 2026

EL EVANGELIO SEGÚN SAN ESTUDIO: ACÚSTICA, CABLES Y EGOCENTRISMO

 

El 19 de febrero de 2026, el ecosistema digital ha sido bendecido con una nueva entrega de "Mychal Soto fingiendo que el caos es arte". Bajo el epígrafe "Lil Studio Update", el protagonista nos invita a asomarnos a su santuario privado, ese lugar donde los cables se reproducen por esporas y el polvo acumulado sobre las mesas de mezclas cuenta la historia de mil horas de procrastinación creativa.

Soto despliega una coreografía visual por su equipo, recordándonos que en el siglo XXI, el talento es directamente proporcional a la cantidad de luces LED que parpadean en una habitación a oscuras. La actualización no es tanto musical como logística; es el inventario de un coleccionista de juguetes caros que ocasionalmente producen sonido.

El vídeo transcurre en esa penumbra calculada que grita "estoy demasiado ocupado siendo un genio como para encender la luz principal". Es la narrativa clásica del artista que necesita que el mundo sepa que está trabajando, aunque lo que realmente vemos es un paneo lento sobre monitores que muestran barras de sonido que podrían ser, perfectamente, el protector de pantalla de Windows.

Todo en la publicación exhala ese perfume de importancia personal. La cámara se mueve con la reverencia de quien filma el descubrimiento de una tumba egipcia, cuando en realidad solo está registrando la última adquisición de un sintetizador que probablemente se usará para el mismo efecto de siempre.


EL ÁNGEL DEL RUIDO

Resulta enternecedor observar cómo Mychal Soto eleva la categoría de "ordenar un poco la mesa" a la de acontecimiento histórico. Su "actualización" del estudio es un ejercicio magistral de narcisismo técnico: vendernos la cáscara del proceso creativo porque, seamos honestos, la música es lo de menos cuando tienes racks de efectos que brillan tanto en la oscuridad. La sátira se escribe sola cuando un profesional necesita la validación constante de una red social para justificar las horas encerrado entre espumas acústicas. Al final, el mensaje es claro: no importa si el próximo tema es una obra maestra o un ruido blanco pretencioso, lo importante es que el estudio se vea lo suficientemente caro como para que nadie se atreva a cuestionar el resultado. ¡Doot doo por la iluminación ambiental y el ego bien cableado!

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