El 18 de febrero de 2026, Vancouver ha sido testigo de cómo Nardwuar the Human Serviette ha despojado de toda mística al arquitecto de Ghost, Tobias Forge. En una entrevista que parece un interrogatorio de la Stasi realizado por un dibujo animado con gorra de cuadros, Forge ha tenido que admitir que su imperio satánico tiene cimientos tan mundanos como el robo de material de oficina.
Los hechos, expuestos con una precisión que roza lo delictivo, dejan al descubierto la verdadera cara del occult rock contemporáneo:
Forge ha confesado que el icónico logo de Ghost no fue revelado en una visión demoníaca, sino que nació mientras trabajaba en el servicio técnico de un centro de llamadas en 2008. Para lograr el sombreado perfecto, ponía a los clientes en espera y corría a la fotocopiadora de la empresa para calcar las letras. Una gestión del tiempo admirable para alguien que ahora cobra entradas a precio de oro.
Nardwuar, en un alarde de arqueología documental, le ha entregado un vinilo original de Aleister Crowley. Forge, visiblemente impresionado, ha confirmado que la estética de Impera es un calco directo de una fotografía de Crowley sentado con los puños cerrados. Al parecer, la originalidad en el metal consiste en saber qué libro de historia consultar.
Tobias ha tenido que dar explicaciones sobre el Dala Horse (caballo de madera sueco), admitiendo que, aunque no tiene uno en el autobús de gira, posee uno azul en casa para disfrute de su prole. La imagen del anticristo sueco se desmorona entre juguetes tradicionales y decoración nórdica.
El músico se ha permitido una disertación académica sobre el ritmo de batería "D-beat", calificando la forma de tocar de muchos punks actuales como "antimusical" por perder el groove al coordinar mal el bombo con la mano derecha. Es reconfortante saber que un millonario del metal aún tiene tiempo para enfadarse por cómo golpean otros los parches.
Gracias a la insistencia de Nardwuar, Forge ha repasado su genealogía musical, citando a su hermano Sebastian como el mentor que le descubrió a Ebba Grön y la escena underground sueca. Sin ese hermano mayor, quizás Forge hoy solo sería un excelente empleado de soporte técnico con afición por el dibujo.
EL ÁNGEL DEL RUIDO
Cómo Tobias Forge, un hombre que ha construido una fortuna vendiendo una liturgia de sombras y anonimato, acaba convertido en un fan indefenso ante un tipo que le regala figuritas y discos de segunda mano. La sátira se escribe sola: el gran líder de la iglesia de Ghost es, en esencia, un ex-informático que le robaba tóner a su jefe para fundar una banda de estadios. La ironía reside en que la mayor amenaza para el cristianismo actual no es el satanismo de Forge, sino la capacidad de Nardwuar para demostrar que detrás de cada máscara hay un coleccionista obsesivo que se sabe de memoria las listas de agradecimientos de los vinilos de 1992. Al final, Ghost no es un ritual, es un excelente ejercicio de marketing nórdico empaquetado con olor a azufre y fotocopiadora barata. ¡Doot doo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario