El 18 de febrero de 2026, el ecosistema del heavy metal nacional ha sufrido un sismo de grado considerable: Kris Vega ha oficializado su salida de Cobra Spell. A través de un comunicado que destila elegancia pero no oculta los hematomas internos, la vocalista ha cerrado una etapa que ella misma define como fundamental en su trayectoria. Lo que prometía ser una alianza eterna de sleaze rock ha terminado como un contrato de alquiler rescindido sin previo aviso.
Los hechos, expuestos por Vega con precisión de cirujano, apuntan a un clásico de la industria: decisiones tomadas en "otro nivel" que colisionaron frontalmente con su implicación artística. Al parecer, la cantante se dedicaba a las cuerdas vocales mientras que el rumbo estratégico, las cancelaciones de conciertos y el material que duerme el sueño de los justos sin publicarse, se decidían en despachos ajenos a su control. La decepción por no pisar los escenarios este año es el clavo que termina de cerrar el ataúd de su participación en la banda.
Pero no hay funeral que valga. Vega ya ha desempolvado su otra armadura y anuncia que seguirá repartiendo decibelios con Serapis Project. Además, mantiene sus cuarteles de invierno en Twitch y Patreon, donde ejerce de vocal coach y mantiene viva a su comunidad desde 2022.
EL ÁNGEL DEL RUIDO
Es enternecedor comprobar cómo el mundo del rock sigue tropezando con la misma piedra: la de confundir una banda con una democracia. Kris Vega se marcha dejando claro que ella era la voz, pero no la mano que mecía la cuna (ni la que cancelaba los bolos). La sátira se escribe sola cuando una artista tiene que explicar que su salida es consecuencia de planes que no pasaron por su filtro, convirtiendo a la "Cobra" en un reptil que se muerde su propia cola estratégica. La ironía final es que, mientras la banda se queda sin su motor melódico, Vega ya tiene la maleta hecha para mudarse a proyectos donde, al menos, sepa qué día tiene que salir a cantar. El futuro, dice ella, pertenece a los valientes; el presente, de momento, pertenece a los que saben gestionar un grupo sin que la cantante se entere de las noticias por la prensa. ¡Larga vida a la Serapis, y que el próximo hechizo no sea tan efímero!
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