FORBIDDEN
Craig Locicero y Chris Kontos explican la filosofía de un regreso que apuesta por la personalidad, las canciones largas y la libertad creativa frente a una industria obsesionada con la inmediatez.
¿Cómo se combate un mundo que, según la provocadora pregunta que recibió Craig Locicero, apenas concede siete segundos de atención? La respuesta del guitarrista de FORBIDDEN fue tan directa como desafiante: publicando un disco de 67 minutos.
No es una ocurrencia aislada. Esa frase resume el espíritu de una conversación en la que Locicero y el batería Chris Kontos desvelan la mentalidad que hay detrás de «Forbidden», el nuevo álbum homónimo con el que la formación de thrash metal de la Bay Area se dispone a romper un silencio discográfico de 16 años. El lanzamiento está previsto para el 23 de octubre de 2026 a través de BLKIIBLK.
La banda no ha querido limitarse a recuperar una fórmula conocida ni a entregar una colección de canciones diseñada para satisfacer las exigencias de consumo rápido. Su intención es otra: recuperar la sensación de estar escuchando a músicos tocando juntos, con sus decisiones, sus matices y esas pequeñas imperfecciones que pueden convertir una grabación en algo irrepetible.
UNA GUERRA CONTRA LA PERFECCIÓN ARTIFICIAL
Uno de los momentos más reveladores de la entrevista aparece cuando Locicero explica su preocupación por los detalles que pueden desaparecer durante la producción. El guitarrista recuerda el trabajo dedicado a seleccionar los platos de batería y construir determinados matices sonoros para descubrir después que algunos apenas se percibían en la mezcla final.
Para él, esos detalles no son decoración prescindible. Forman parte de la identidad del álbum.
La crítica se extiende a una forma de trabajar en la que la tecnología permite corregir prácticamente cualquier interpretación. Locicero no rechaza las herramientas modernas, pero cuestiona que se conviertan en una excusa para eliminar todo aquello que haga reconocible a un músico.
La diferencia es fundamental: utilizar la tecnología para construir una canción no es lo mismo que reconstruirla tantas veces que termine perdiendo su carácter.
«No hay errores», viene a explicar cuando habla de esas pequeñas imperfecciones que decidieron conservar. Hay accidentes afortunados, detalles humanos y decisiones que aportan textura. Lo que podría parecer un defecto desde una perspectiva obsesionada con la limpieza absoluta puede ser precisamente lo que mantiene viva una interpretación.
La referencia a los grandes discos de la historia del rock tampoco es casual. Locicero defiende que su personalidad no procede exclusivamente de las composiciones, sino también de la forma en que fueron interpretadas y registradas.
Para FORBIDDEN, una grabación no tiene que sonar clínicamente perfecta: tiene que sonar a FORBIDDEN.
UN ÁLBUM PENSADO COMO UN VIAJE, NO COMO UNA LISTA DE CANCIONES
La ambición del nuevo trabajo también se aprecia en su estructura. Durante la conversación, Locicero explica que el repertorio se organizó en cuatro bloques para que el oyente pudiera asimilarlo como una obra extensa, con diferentes ambientes y conexiones internas.
La distribución que describe es de tres canciones, otras tres, otras tres y un último bloque de dos temas. La intención es ofrecer puntos de entrada y descanso dentro de una experiencia que no se conforma con encadenar canciones sin relación entre sí.
Las primeras partes se mueven, según explica, por territorios relacionados con el conflicto y la destrucción. Después aparecen cuestiones psicológicas, ideológicas y filosóficas. La estructura terminó revelando conexiones temáticas que no necesariamente habían sido trazadas de antemano.
Entre los asuntos que menciona figuran la geometría sagrada, los hongos, el destino del universo y la naturaleza humana. También habla de cómo determinados acontecimientos históricos pueden cambiar de perspectiva cuando quienes fueron perseguidos terminan ejerciendo el poder sobre otros.
El objetivo no consiste en entregar un discurso cerrado que dicte al público qué debe pensar. Locicero prefiere que las letras permitan distintas interpretaciones y que cada oyente encuentre sus propias conexiones.
En el plano político, su intención declarada es evitar que las canciones se conviertan en portavoces de una determinada afiliación. Si el álbum toma partido por algo, explica, es por los derechos humanos y por una reflexión sobre el comportamiento humano, no por dividir al público entre dos bandos.
Esa amplitud temática ayuda a entender por qué el grupo no quiere encerrar el resultado en la etiqueta más estrecha de thrash metal.
«FLOWER OF LIFE»: NUEVE MINUTOS Y MEDIO CONTRA LA DICTADURA DE LOS NÚMEROS
Si hay una canción que representa esa voluntad de asumir riesgos, es «Flower Of Life».
Locicero revela que el tema llegó a crecer hasta aproximadamente nueve minutos y medio. Su construcción exigió desarrollar distintas secciones, incorporar nuevas ideas y permitir que la composición encontrara un desenlace que no estaba completamente definido desde el principio.
En la conversación cuenta cómo fueron apareciendo nuevas capas, pasajes de piano y aportaciones instrumentales hasta que el final adquirió una dimensión que justificaba su posición como cierre del álbum.
Sin embargo, la duración también planteó una cuestión comercial. Según relata, hubo preocupación por la posibilidad de perjudicar las cifras de reproducción si esa pieza se publicaba como primer sencillo.
La decisión fue priorizar otro tema más directo para presentar el disco y reservar la extensa composición para un momento en el que el público ya tuviera una primera impresión del nuevo material.
La lógica es comprensible desde el punto de vista promocional, pero la postura del guitarrista resulta significativa: no está dispuesto a recortar una idea únicamente porque su duración pueda incomodar a los algoritmos.
El álbum también incluye «Sol Grave», otra pieza que forma parte de ese tramo final concebido como un viaje musical más amplio. La conversación deja claro que la intención no es alargar canciones artificialmente, sino permitir que cada una alcance la dimensión que sus autores consideran necesaria.
NORMAN SKINNER ABRE PUERTAS QUE LA BANDA NO HABÍA EXPLORADO
La transformación creativa no depende exclusivamente de la duración o la producción. También está relacionada con las posibilidades vocales del nuevo cantante, Norman Skinner.
Locicero explica que la incorporación de una voz capaz de desplazarse entre registros agresivos y pasajes melódicos amplía el campo de posibilidades de la banda. En lugar de tener que limitar cada composición a un repertorio vocal determinado, los músicos pueden explorar ambientes muy distintos.
La colaboración ha cambiado incluso la manera de trabajar con las letras.
El guitarrista cuenta que inicialmente daba por hecho que seguiría encargándose de buena parte de las melodías y los textos, como había sucedido en etapas anteriores. Sin embargo, al enviarle material a Skinner, descubrió que el cantante no solo podía interpretar las ideas existentes: también tenía propuestas propias que encajaban con la dirección del grupo.
Ese descubrimiento modificó el reparto creativo y permitió que el vocalista se implicara de forma más profunda en la identidad del álbum.
La banda no está presentando simplemente una nueva voz sobre una estructura antigua. Está comprobando hasta dónde puede llegar una formación que combina la experiencia acumulada con músicos capaces de aportar otras perspectivas.
CHRIS KONTOS Y EL VALOR DE TOCAR COMO UNA BANDA
La presencia de Chris Kontos en esta conversación también sirve para entender la importancia que ambos conceden a la química entre músicos.
La entrevista describe un proceso en el que las ideas se desarrollaron mediante conversaciones prolongadas, maquetas y una preparación que permitió llegar al estudio con una visión compartida. El trabajo de Jeremy Von Epp y del ingeniero y coproductor Zack Ohren también resulta importante para que las composiciones alcancen su forma definitiva.
Locicero destaca especialmente la capacidad de Von Epp para comprender sus ideas y contribuir a completarlas sin convertir cada intercambio creativo en una disputa de egos. Resume esa filosofía con una idea esencial: ponerse al servicio de la canción.
No se trata de demostrar quién toca más rápido, quién acumula más protagonismo o quién impone su criterio. Se trata de que cada aportación ayude a que la pieza funcione.
Esa manera de entender el trabajo colectivo explica la insistencia de FORBIDDEN en conservar interpretaciones naturales y evitar que el proceso de producción termine sustituyendo la interacción entre los músicos.
«DEAR GOD» Y LA HISTORIA QUE TERMINÓ DANDO LA RAZÓN A SUS AUTORES
Otro de los momentos más curiosos de la conversación gira alrededor de «Dear God», la canción de XTC que Locicero quería versionar.
El guitarrista explica que investigó la historia del tema y encontró un recorrido que le resultó especialmente significativo: una composición que inicialmente generó dudas terminó adquiriendo una relevancia que sus responsables no habían previsto de la misma manera.
La versión de FORBIDDEN se incluirá como pista adicional en la edición japonesa, según explican en la entrevista, y no formará parte de todas las ediciones del álbum.
La elección encaja con la visión artística que atraviesa toda la conversación. Locicero no parece interesado en seleccionar una versión únicamente por su popularidad o por su encaje comercial. Le importa el significado de la canción y la posibilidad de reinterpretarla desde su propia sensibilidad.
En un disco que aborda la conducta humana, las creencias y las contradicciones, esa elección funciona como otra pieza de un conjunto que busca ir más allá de las convenciones del género.
EL REGRESO NO QUIERE VIVIR DE LA NOSTALGIA
La conversación deja una idea clara: FORBIDDEN no pretende reproducir exactamente lo que hacía décadas atrás. Sus integrantes cuentan con una experiencia distinta y una perspectiva que no tenían cuando comenzaron a escribir sus primeros discos.
Esa madurez se traduce en una mayor libertad para explorar estructuras extensas, desarrollar ideas filosóficas y permitir que las composiciones respiren. También les permite aceptar que no todo el público recibirá el resultado de la misma manera.
El grupo ha decidido que esa posibilidad no sea un motivo para recortar sus ambiciones.
El nuevo álbum llegará el 23 de octubre y estará acompañado por la gira estadounidense «Chaos By Design», junto a HEATHEN y VOID. No obstante, hay una actualización importante para quienes piensen asistir: la banda ha anunciado que el bajista Matt Camacho y el propio Chris Kontos no podrán participar en ese tramo por motivos personales. Sus sustitutos temporales serán Avery Thurman y Eli Lucas, respectivamente. La banda ha señalado que ambos músicos prevén regresar en 2027.
El regreso discográfico, por tanto, llega acompañado de cambios y circunstancias que van más allá de la música, pero el mensaje artístico que Locicero y Kontos transmiten en esta entrevista es inequívoco.
Mientras buena parte de la industria persigue canciones cada vez más inmediatas, FORBIDDEN reivindica el valor de escuchar con tiempo, conservar la personalidad de una interpretación y permitir que una composición crezca hasta donde sus autores consideren necesario.
Puede que un disco de más de una hora no sea la respuesta comercial más cómoda. Precisamente por eso, la frase de Locicero funciona como declaración de intenciones: si el mundo solo concede siete segundos, FORBIDDEN no piensa construir su música para obedecerle.
FUENTES:
Entrevista a Craig Locicero y Chris Kontos: https://youtu.be/EtEc70r8EI8
Blabbermouth — Sustituciones temporales para la gira estadounidense de Forbidden en 2026: https://blabbermouth.net/news/forbidden-bassist-matt-camacho-and-drummer-chris-kontos-to-sit-out-fall-2026-us-tour-temporary-replacements-announced
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