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Edición: imagen presentada sin modificaciones.
Esta fotografía documenta una actuación anterior al accidente aéreo de 2008. Su publicación no implica el respaldo del autor a STHDMETAL.
El batería de Blink-182 recuerda que ocultó a su médico los daños nerviosos que sufría tras el accidente aéreo de 2008. Después de seis meses en un centro de quemados y unas 30 operaciones, lo primero que quiso hacer al regresar a casa fue sentarse ante una batería.
Travis Barker no sabía si volvería a tocar la batería. Sus manos estaban entumecidas, los nervios habían sufrido daños y las quemaduras todavía no habían terminado de cicatrizar. Sin embargo, cuando por fin abandonó el centro especializado donde pasó meses luchando por recuperarse, tenía una prioridad que iba mucho más allá de volver a los escenarios: necesitaba reencontrarse con aquello que siempre había dado sentido a su vida.
El músico de Blink-182 ha contado esta experiencia en una conversación con Billy Corgan, líder de The Smashing Pumpkins, en el pódcast The Magnificent Others. Su relato revela un detalle estremecedor de la recuperación posterior al accidente aéreo de 2008: Barker empezó a practicar sobre una almohadilla de entrenamiento cuando las heridas de sus manos aún estaban cubiertas de costras.
No esperó a tener garantías de que podría recuperar su técnica. Tampoco quiso comunicar a su médico toda la gravedad de lo que estaba experimentando. Su objetivo inmediato era salir del hospital y volver a tocar.
SUS MANOS ESTABAN ENTUMECIDAS, PERO NO QUISO RENDIRSE
Barker explicó que permaneció entre cuatro y seis meses en el centro de quemados y que se sometió a unas 30 intervenciones quirúrgicas. Según su testimonio en esta conversación, las lesiones afectaron al 65 % de su cuerpo.
Durante las primeras etapas del tratamiento, los médicos ni siquiera podían asegurar que sobreviviría. Las infecciones, las transfusiones de sangre y la posibilidad de tener que amputarle un pie formaban parte de una recuperación llena de incertidumbre.
El doctor Grossman, que lo atendió durante aquel proceso, fue directo con él: no podía garantizar que volviera a tocar la batería. El propio Barker recuerda que tenía ambas manos entumecidas, pero decidió no contárselo al especialista porque solo quería abandonar el hospital.
Después descubrió que sufría daños nerviosos.
Cuando regresó a casa, comenzó a practicar en una almohadilla de batería. Sus manos seguían cubiertas de costras y las quemaduras todavía no habían sanado por completo. No era un regreso triunfal ante miles de espectadores, sino un músico intentando recuperar el contacto con su instrumento en las condiciones más difíciles que había vivido.
Y aquella pequeña sesión de práctica tuvo un significado enorme. Barker explicó que, por fin, volvía a sentirse conectado con algo.
LA BATERÍA ERA MUCHO MÁS QUE SU PROFESIÓN
Para entender por qué necesitaba volver a tocar con tanta urgencia, hay que retroceder hasta su infancia.
Barker comenzó a tocar la batería a los cuatro años. Según relató, sus padres le exigían practicar entre dos y tres horas diarias. Si no cumplía, no podía salir a montar en monopatín, practicar BMX ni disfrutar de otras actividades.
Su padre, que había pertenecido al ámbito militar, mantenía una disciplina estricta. El músico reconoce que aquella exigencia contribuyó a construir la relación que desarrollaría con su instrumento.
La muerte de su madre, cuando tenía 13 años, intensificó todavía más ese vínculo. La batería se convirtió en el terreno donde encontraba seguridad, confianza y una forma de canalizar sus emociones. Era aquello que sabía hacer y en lo que sentía que podía destacar.
Por eso, después del accidente, recuperar la capacidad de tocar no significaba únicamente volver a trabajar. También implicaba recuperar una parte esencial de sí mismo.
LOS MÉDICOS LE DIJERON QUE NO TENÍA QUE VOLVER
Durante su estancia hospitalaria, Barker habló con un especialista en trauma psicológico que le transmitió un mensaje distinto al que él se imponía: no tenía obligación de volver a tocar, salir de gira ni demostrar nada a nadie. Podía recuperarse a su ritmo, sin presionarse para retomar la vida anterior.
Aquella idea le proporcionó una tranquilidad que, según explicó, no había sentido antes. Por primera vez podía contemplar la posibilidad de no volver a los escenarios sin convertirla en una derrota personal.
Pero cuando salió del hospital, descubrió que tocar seguía siendo lo que más deseaba hacer.
El músico quería estar con sus hijos y tocar la batería. No describía la música como una carga laboral de la que necesitara escapar, sino como una actividad que siempre había amado. La diferencia resulta importante: después de enfrentarse a la posibilidad de perder su vida y sus capacidades físicas, volvió a elegir aquello que había formado parte de él desde niño.
EL ACCIDENTE QUE PUDO ACABAR CON SU CARRERA
En 2008, el avión privado en el que viajaba Barker tras una actuación sufrió un accidente durante el despegue en Carolina del Sur. El músico sobrevivió, pero sufrió quemaduras graves. Cuatro personas murieron en el siniestro, incluidos dos amigos suyos y los dos pilotos.
La recuperación fue larga y estuvo marcada por operaciones, infecciones, daños nerviosos y dudas sobre su capacidad para volver a caminar con normalidad y tocar al nivel que exigía su carrera.
Su historia ya se había contado en entrevistas anteriores y en el documental Travis Barker: Louder Than Fear. La conversación con Corgan añade una imagen especialmente reveladora: no la de un artista celebrando su regreso, sino la de un hombre que, todavía herido, buscó una almohadilla de práctica para comprobar si podía volver a sentir la música a través de sus manos.
El episodio no elimina el dolor ni convierte la recuperación en una hazaña sencilla. Muestra, más bien, la distancia entre recibir permiso para descansar y descubrir qué es lo que uno desea hacer cuando ya no está obligado a hacerlo.
NO SABÍA SI VOLVERÍA A TOCAR. AUN ASÍ, LO INTENTÓ.
La historia de Travis Barker no empieza con un concierto multitudinario ni con un regreso espectacular junto a Blink-182. Empieza con unas manos entumecidas, unas heridas todavía abiertas y una almohadilla de práctica.
Después de meses de tratamiento, el batería no podía saber cuánto recuperaría ni qué límites tendría que afrontar. Lo único que tenía claro era que quería intentarlo.
Aquel primer contacto con el instrumento no resolvió de golpe sus secuelas, pero le devolvió una conexión que había echado profundamente de menos.
Antes de volver a conquistar un escenario, Travis Barker necesitó comprobar si todavía podía reconocerse detrás de una batería. Y lo intentó cuando sus manos aún no habían terminado de sanar.
Fuentes:
The Magnificent Others con Billy Corgan — conversación completa con Travis Barker en YouTube.
Associated Press / The Washington Post — perfil sobre Travis Barker y el documental Louder Than Fear.
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