Hay bandas que sobreviven a las décadas sin tener que rebajar el peso de sus riffs ni domesticar su sonido. Pentagram es una de ellas. Y Michael Amott, guitarrista de Arch Enemy, acaba de demostrar que su admiración por esta institución del doom metal estadounidense sigue intacta.
El músico compartió sus impresiones después de ver a Pentagram actuar recientemente en Los Ángeles. Su mensaje en Instagram fue una declaración de respeto hacia una formación cuya música lleva acompañándolo desde finales de los años ochenta, cuando Lee Dorrian le puso en las manos cintas de Pentagram y Death Row.
Aquellas grabaciones dejaron huella. Amott destacó la vigencia de unos riffs que parecen inmunes al paso del tiempo y unas voces inquietantes que siguen formando parte del sello inconfundible del grupo. Su entusiasmo quedó resumido en una pregunta tan sencilla como reveladora: ¿qué hay que no pueda gustar de semejante combinación?
BOBBY LIEBLING, CARA A CARA CON UN ADMIRADOR HISTÓRICO
La velada también permitió al guitarrista conversar brevemente con Bobby Liebling, vocalista y figura central de Pentagram. Amott comentó que lo vio bien y destacó el rendimiento de la formación actual, cuya actuación calificó de fenomenal.
No se trató únicamente de recuperar una referencia musical del pasado. El concierto le permitió comprobar en directo que las composiciones de Pentagram continúan teniendo fuerza sobre el escenario, con esa combinación de oscuridad, pesadez y personalidad que ayudó a definir una parte fundamental del doom metal.
PENTAGRAM: OSCURIDAD SIN FECHA DE CADUCIDAD
La historia del grupo se remonta a principios de los años setenta, mucho antes de que el doom metal alcanzara una mayor visibilidad. A lo largo de su trayectoria, Pentagram ha atravesado numerosas dificultades y cambios de formación, pero su nombre permanece ligado a una manera reconocible de entender el metal: lenta, sombría y construida alrededor de riffs que golpean sin necesidad de correr.
El recuerdo de Amott también pone sobre la mesa el papel que desempeñó el intercambio de cintas entre músicos y aficionados en la difusión de sonidos alejados de las corrientes dominantes. Una grabación compartida por un conocido podía abrir la puerta a una banda que terminaría acompañando a un guitarrista durante décadas.
Ahora, después de tantos años, aquel descubrimiento sigue vivo. Michael Amott ha vuelto a encontrarse con Pentagram en directo y su reacción deja claro que el legado de Bobby Liebling y compañía no depende de la nostalgia: depende de unas canciones que todavía funcionan cuando los amplificadores se encienden.
Fuente original: publicación de Michael Amott en Instagram.
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