El arte de no pensar títulos y el "quinto elemento" Blythe ha dejado claro que el proceso de gestión de la banda es un reparto de tareas donde él prefiere el exilio. Mientras Mark Morton ejerce de director creativo proponiendo títulos y secuencias de canciones —tareas que Randy evita como si fueran redes sociales—, el vocalista se encarga de la parte "foul" del proceso. Según el cronista, el productor Josh Wilbur es el único ser humano capaz de descifrar sus "quirks" de personalidad en el estudio Total Access, un lugar donde Randy se encierra para no contaminar su vida familiar con el humor de perros que le provoca grabar voces. El nuevo álbum se perfila como una estructura de "caos y desmayo" donde Blythe solo pone la firma una vez que el trabajo sucio de la nomenclatura está hecho.
Encuentros en la tercera fase y funerales con mosh pit En un giro que haría dudar a cualquier psiquiatra, el vocalista relató cómo presenció dos juegos de luces rectangulares realizando maniobras inhumanas sobre el Atlántico. Asegura que no estaba bajo el efecto de sustancias, aunque en el mismo set confesó que "perder un dedo" sería un giro argumental plausible en un musical sobre su vida después de desayunar quince cervezas. Para su eventual despedida de este mundo, Blythe exige una banda de metales de Nueva Orleans que empiece con un tono sombrío para luego dar paso al caos de The Jesus Lizard, asegurando que sus invitados bailen sobre su tumba en lugar de llorar, lo cual es comprensible dada su alergia al sentimentalismo barato.
Diplomacia del metal y la pereza de ser un imbécil A pesar de su fachada de guerrero del asfalto, Blythe se aferra a la filosofía de "ser un hombre de valor" en lugar de uno de éxito, citando a Einstein como si estuviera en una charla TED de alto riesgo. Recordó con cariño cómo logró no comportarse como una fan histérica frente a Iggy Pop, a pesar de que el "Iguana" le gritaba a seis pulgadas de la cara. Su mantra de supervivencia es simple: "no seas un capullo", principalmente porque es demasiado vago para invertir el esfuerzo que requiere serlo. Además, advirtió a la humanidad sobre los peligros de comer comida mexicana en Finlandia; un error gastronómico que, según él, es más aterrador que cualquier mosh pit en Bloodstock.
El Departamento de Análisis de Nomenclatura agradece que Mark Morton tomara las riendas del título, evitando probablemente que el disco terminara llamándose "Cosas que grito cuando tengo dolor de cabeza".
Si Mark Morton no propone el nombre, Randy Blythe todavía estaría en el estudio preguntándose cómo se llama su propia banda.
Fin de la transmisión: Lamb of God llegará a Bloodstock para demostrarnos que el éxito consiste en dejar que otro elija el título mientras tú te dedicas a avistar rectángulos voladores.
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