Gene Simmons ha decidido que el ocaso de su carrera no merece estadios legendarios, sino el eco húmedo de un parque temático donde el olor a pescado compite con el de su propia pirotecnia de saldo.
EL RITUAL DE LA JUBILACIÓN ACUÁTICA La Gene Simmons Band aterrizó en Sea World Orlando este 28 de febrero para demostrar que, cuando las mallas ya no aprietan igual, cualquier tarima sobre un tanque de agua es un templo aceptable. El legendario bajista, despojado de las armaduras de KISS pero no de su insaciable sed de billetes, lideró un espectáculo donde lo más peligroso no fue el volumen de los amplificadores, sino la posibilidad de que una orca saltara a pedirle derechos de autor por las manchas blancas y negras. La ejecución técnica fue tan precisa como un reloj de arena lleno de gravilla, dejando claro que el rock and roll no muere, simplemente se pone protector solar y espera a que abran el buffet de mariscos.
El merchandising de esta gira incluye lenguas de silicona que sirven como flotadores.
EL SONIDO DEL CAUTIVERIO VOLUNTARIO Entre clásicos masticados y una banda de acompañamiento que parece contratada en una agencia de figurantes para cruceros, Simmons desgranó un repertorio que sonó más a trámite administrativo que a rebelión juvenil. Los asistentes, divididos entre nostálgicos con lumbago y niños confundidos que esperaban ver a Shamu, presenciaron cómo el "Demon" intentaba invocar fuerzas oscuras en un recinto patrocinado por galletas saladas. La narrativa sonora fluyó con la ligereza de un ancla de barco, recordándonos que el rock de estadio se vuelve curiosamente doméstico cuando hay una montaña rusa pasando de fondo cada tres minutos.
Se rumorea que el próximo concierto será en la sección de embutidos de un supermercado local.
Desde la redacción de este noticiero, felicitamos a Gene por su capacidad de adaptación. Hay que tener un talento especial para pasar de dominar el mundo a ser el telonero de una exhibición de delfines. Es reconfortante saber que, mientras quede un dólar en el bolsillo de un turista con quemaduras de segundo grado, Simmons estará allí para recogerlo con una sonrisa ensayada y el bajo mal afinado.
El rock ha muerto, pero el ticket de entrada a Orlando sigue subiendo.
Al menos las orcas no tienen que pagar por el Meet & Greet.
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