Kelly Garni emerge de las sombras de Nevada, entre excavaciones de cachorros y recuerdos de alcoholismo, para recordarnos que antes de ser un mito, Randy Rhoads era solo un chico con aura que no sabía tocar solos.
El bajista fundador de Quiet Riot, Kelly Garni, ha decidido airear los trapos sucios de la génesis del metal angelino, confirmando lo que todos sospechábamos: Kevin DuBrow no era exactamente el alma de la fiesta, sino más bien el vendedor de enciclopedias que nadie quería dejar entrar, pero que acabó quedándose con la casa. Entre revelaciones de disparos al techo, robos de bares en llamas y una extraña obsesión por los trajes de marinero, Garni desmonta la mística del rock para dejar un rastro de cruda y ácida realidad.
Balas, Alcohol y el Efecto DuBrow La salida de Garni de Quiet Riot no fue por "diferencias creativas", sino por un intento de asustar a Randy Rhoads disparando al techo de su casa tras una noche de alcohol robado de un club incendiado. Garni confiesa que su odio hacia Kevin DuBrow era tan visceral que incluso intentó convencer a Randy de que el cantante los hundía. "Kevin arruinó la música para mí durante décadas", afirma con la tranquilidad de quien ya no tiene nada que perder. La ironía final: Randy, lejos de asustarse por el disparo, cargó contra él, demostrando que para ser un dios de la guitarra primero hay que ser un temerario sin instinto de conservación.
Nada dice "buena química de banda" como un tiroteo doméstico y un salón destrozado antes del desayuno.
El "Aura" de Randy y el Negocio de los Monos Garni describe a Rhoads no como un semidiós, sino como un mejor amigo que vivía pegado a una guitarra porque "era su esposa". Según el bajista, la gestión de la banda fue un despropósito de proporciones épicas: desde discográficas que quebraban justo antes de pagar, hasta managers que querían convertirlos en los nuevos "The Monkees" vistiéndolos de marineros. Mientras tanto, en el mundo real, Quiet Riot solo lograba vender discos en Japón, convirtiéndose en el secreto mejor guardado de una industria que prefería el bubblegum pop al "melt your face off" que ofrecían en directo.
Tagline: Si quieres ser Alice Cooper pero te visten de grumete, es probable que tu carrera necesite un exorcismo o un nuevo manager.
Post-Mortem: Documentales Malditos y Fotografía de Escorts La crónica se vuelve más oscura al tratar el legado de Rhoads. Garni denuncia a directores "malvados" que robaban estatuas personales y material inédito, forzando a Sharon Osbourne a intervenir para poner orden en el caos. Pero la verdadera reinvención de Garni llegó lejos de los escenarios: tras una década como técnico de emergencias (EMT) viendo locuras en ambulancias, terminó ganándose la vida como fotógrafo de modelos y escorts en Las Vegas. Un giro de guion que ni el mejor guionista de Hollywood se habría atrevido a firmar.
Pasar de tocar el bajo con Randy Rhoads a fotografiar a dos millones de escorts es, técnicamente, una evolución natural en el ecosistema de Las Vegas.
Es fascinante observar cómo el tiempo cura las heridas, o al menos las adormece con Jack Daniels. Garni pasó de planear el asesinato de DuBrow con una ballesta a ser su mejor amigo y cuidar su casa mientras estaba de gira. Una lección de perdón o, quizás, de que la soledad en Las Vegas es mucho más peligrosa que un cantante con delirios de grandeza.
Al final, la historia de Quiet Riot es la historia de un aura que se fue demasiado pronto y de un bajista que prefirió la realidad de una ambulancia a la ficción de un traje de marinero.
Si ves a un hombre mayor en Nevada cavando agujeros con un cachorro, ten cuidado: podría tener una ballesta, un libro de fotos prohibidas y el número de Sharon Osbourne en marcación rápida.
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