El legendario músico y doctor en astrofísica rompe un mes de retiro doméstico para aterrizar en España, celebrando su regreso al mundo exterior bajo la sombra del fenómeno astronómico y dejando muy claro que mirar al astro rey con cristales de diseño es la estupidez más rápida hacia la ceguera.
Con el clásico Set the Controls for the Heart of the Sun de Pink Floyd marcando el ritmo, una banda sonora milimétricamente elegida para la ocasión, la escena nos sitúa con May en el asiento del copiloto, equipado con unos visores solares de oscuridad absoluta. Para cortar de raíz cualquier ataque de los guardianes de la moral en internet, el británico precisa de inmediato que él no está conduciendo el coche. Es exactamente el nivel de meticulosidad que esperas de alguien acostumbrado a calcular trayectorias orbitales y a lidiar con las masas.
Acto seguido, la pedagogía científica toma el volante. May se dirige a quienes todavía creen que unas simples gafas de sol sirven de filtro contra la radiación espacial, avisando sin anestesia que hacerlo te puede costar la vista de forma irreversible. Su recomendación es tajante: usar visores homologados o el viejo sistema de proyección mediante un agujero, exigiendo además que los adultos se aseguren de que los niños entiendan el peligro real de la situación antes de mirar hacia arriba.
Debajo de esta clase improvisada de óptica, asoma un alivio más que evidente. Después de pasar semanas inmerso en compromisos familiares y totalmente alejado del ojo público, este viaje representa su ansiado billete de vuelta a la circulación. El entusiasmo salta a la vista y el destino no es otro que territorio español, un movimiento que el propio artista festeja abiertamente con sus seguidores.
Si decides mirar al cielo esperando entender el universo, más te vale hacerle caso al único tipo capaz de darte una lección de astronomía sin bajarse del coche; él ya está pisando suelo español para disfrutar del espectáculo mientras tú sigues parpadeando ante el destello.
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