En un despliegue de audacia mercantil que solo el hombre con la lengua más larga del negocio podría ejecutar, la Gene Simmons Band aterrizó en Lake Charles, Luisiana, el pasado 20 de febrero de 2026 para recordarnos que el patrimonio de KISS es un buffet libre. En un giro irónico que haría palidecer a los puristas del maquillaje, Gene decidió que el plato fuerte de la noche no sería un himno propio, sino "Rocket Ride", el clásico que Ace Frehley grabó para KISS Alive II en 1977. Así, sin necesidad de botas de plataforma ni de escupir sangre (que la tintorería está cara), Simmons se puso al frente de una banda de mercenarios del ritmo para demostrar que, si el "Space Ace" no está usando sus canciones, él está más que dispuesto a monetizarlas en un casino de Luisiana.
La narrativa del concierto fluyó con la naturalidad de una transacción bancaria exitosa. Rodeado de músicos que tocan con la precisión de quien sabe que Gene lleva la cuenta de los minutos, el "Demonio" se dedicó a lo que mejor sabe hacer: ser el centro de atención sin tener que esforzarse demasiado en las notas altas. La interpretación de "Rocket Ride" fue una oda a la nostalgia corporativa, donde los riffs que una vez simbolizaron la rebelión intergaláctica se convirtieron en la banda sonora perfecta para una audiencia que, en su mayoría, ya tiene pagada la hipoteca. Fue un viaje espacial de bajo presupuesto, sin efectos especiales pero con mucha intención, donde el mayor truco de magia fue convencer a la multitud de que estaban presenciando un momento histórico y no una revisión de inventario de una marca registrada.
Lo de Gene Simmons en Lake Charles es la prueba definitiva de que en el rock de 2026, la propiedad intelectual es el verdadero Dios del Trueno. Al apropiarse del éxito de su excompañero, Gene no solo ofrece un espectáculo sólido, sino que envía un mensaje claro: la marca KISS es suya y puede jugar con sus juguetes como le plazca. Es la democratización del catálogo de la banda, siempre y cuando los beneficios sigan fluyendo hacia la misma cuenta corriente. Al final, "Rocket Ride" sigue funcionando porque es una canción indestructible, incluso cuando el que la canta está más preocupado por el merchandising que por alcanzar el cinturón de asteroides.
NOTA DEL DEPARTAMENTO: Se recomienda a los asistentes de futuros shows que no pregunten por el paradero de Ace Frehley, ya que la respuesta podría incluir una oferta para comprar un bajo autografiado por el doble de su valor de mercado. La gerencia advierte que la nostalgia por los años 70 puede provocar efectos secundarios como la compra impulsiva de camisetas de gira y una repentina necesidad de pintar su cara de blanco y negro en el baño del local.
The Gene Simmons Band: Porque el espacio es infinito, pero las facturas llegan cada mes.
Foto: Queen – A Night At The Opera (1975 Elektra publicity photo 02) por Elektra Records, en dominio público, vía Wikimedia Commons.

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