Hay noches que empiezan con una simple búsqueda de grasa trans y terminan con la adrenalina por las nubes. Jack Osbourne y el comediante Jamie Kennedy decidieron salir a cenar por el centro de Louisville, devoraron una cantidad indecente de pollo frito picante con mantequilla de miel y, para bajar la comida, pidieron un batido y se pusieron a caminar. Todo muy idílico, divagando sobre teorías de alienígenas y simulaciones de la realidad, hasta que la Matrix se rompió de verdad frente a sus ojos.
Mientras caminaban cerca de un club de comedia local, la noche se torció de golpe. Gritos desgarradores de una mujer pidiendo auxilio rompieron la calma de la calle: "¡Ayuda, ayuda, la están atacando!". Jack y otros peatones no se lo pensaron y corrieron hacia un vehículo donde se estaba produciendo una auténtica pelea de locos entre una mujer y un hombre en los asientos delanteros. El espíritu de buen samaritano les duró exactamente hasta que la mujer gritó la frase mágica: "¡Tiene un arma!". Ahí se acabó la valentía cinematográfica. Jack se dio la vuelta, soltó un directo y pragmático "No", y ambos aceleraron el paso para alejarse de la trayectoria de cualquier proyectil.
La cosa se puso aún más tensa cuando alertaron a un agente de policía que estaba en su coche patrulla. El oficial se bajó de inmediato, desenfundó su arma y avanzó hacia el vehículo en conflicto. Justo en ese instante, la noche se iluminó con el estruendo de un disparo real. Tras la duda inicial de si era un petardo o plomo de verdad, se agacharon para protegerse mientras veían cómo el tipo del coche terminaba esposado y la policía tomaba el control de la zona, por suerte sin heridos que lamentar.
Lo más divertido del asunto llegó después, con la zona inundada por unos cuarenta agentes de policía. Jack Osbourne, haciendo valer sus viejos tiempos en los que colaboraba con cuerpos de seguridad, empezó a ejercer de "asesor forense" improvisado desde la acera. Mientras los agentes buscaban desesperadamente el casquillo en mitad de la calle, Jack insistía una y otra vez en que buscaran dentro del maldito coche: "¡El casquillo del disparo está dentro del vehículo!", repetía mientras Jamie se reía de su obsesión terminológica con la palabra "disparo". El directo terminó rodeado de locales curiosos, comentarios absurdos sobre si el despliegue policial era por culpa de Lady Gaga o Michael Jordan, y los dos protagonistas admitiendo que, después de sobrevivir a Los Ángeles, jamás pensaron que la verdadera acción los encontraría en una esquina de Louisville por culpa de un antojo de pollo frito.
Si es que ya no se puede salir a cenar tranquilo sin terminar metido en una investigación policial.

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