Sepultura no se retira por inercia, sino por una decisión consciente de clausurar su ciclo en la cima. Andreas Kisser ha dejado claro que la gestación de su nuevo EP, The Cloud of Unknowing, fue un ejercicio de absoluta libertad creativa, lejos de las presiones de la industria que a veces obligan a las bandas a sacar discos solo por cumplir con el calendario. Grabado en los Criteria Studios de Miami en apenas diez días, el grupo entró a grabar sin nombre para los temas ni portada definida, dejándose llevar por la química con su nuevo batería, Grayson Nekrutman, quien ha inyectado una energía renovada al sonido final de la formación.
La gira de despedida no es un trámite, sino una celebración de la vida a través de la muerte. Kisser, marcado por la pérdida de su esposa Patricia, ha integrado esa visión existencialista en el adiós de la banda: respetar el final para vivir el presente con intensidad. Esta filosofía les ha permitido disfrutar de lo que consideran su mejor momento profesional, cumpliendo deseos pendientes como tocar en Islandia o lanzar este EP de despedida. Además, el legado de 40 años no se quedará solo en los altavoces; Kisser y Paulo Jr. están organizando un vasto archivo de memorabilia para crear un museo, posiblemente virtual, que permita a los seguidores de todo el planeta explorar desde letras manuscritas hasta instrumentos y carteles históricos.
Más allá del último concierto, el futuro de Kisser está lejos del silencio. El guitarrista planea profundizar en el estudio de la guitarra clásica y continuar con sus proyectos paralelos, como De la Tierra y Kisser Clan. También seguirá volcado en su labor social en Brasil, promoviendo el debate sobre los cuidados paliativos y eliminando el tabú de la finitud. Sepultura se despide dejando una huella imborrable, habiendo demostrado que se puede ser una banda global sin renunciar a las raíces brasileñas y, sobre todo, sabiendo cuándo bajar el telón con la elegancia que solo los grandes se pueden permitir.
Sepultura apaga los amplificadores, pero la leyenda se queda a vivir en el museo.

